Evolución del Hombre
Por Juan Guillermo

El instinto de supervivencia, es el más básico en todas las especies vivas y en consecuencia el motor de la evolución. Entendiendo a esta como la capacidad de adaptación al medio, comprenderemos que es un proceso encadenado y progresivo que proporciona mejoras en los seres vivos posibilitando su supervivencia.

El instinto de supervivencia, es el más básico en todas las especies vivas y en consecuencia el motor de la evolución. Entendiendo a esta como la capacidad de adaptación al medio, comprenderemos que es un proceso encadenado y progresivo que proporciona mejoras en los seres vivos posibilitando su supervivencia.
Todo proceso evolutivo está marcado por dos factores fundamentales, de un lado los cambios físicos y del otro la herencia genética.
Como todos sabemos, los seres vivos poseen la cualidad de engendrar descendencia mutante, bien sea por simple error genético bien por influencias externas. Estas mutaciones provocan cambios, en el aspecto físico, que muchas veces son negativos, pero otros son positivos, esos últimos son los que permiten a un individuo determinado ser más capaz a la hora de sobrevivir. A partir de aquí entra en juego la herencia, dado que las mutaciones son de origen genético, en la mayoría de los casos también son hereditarias. Por lo que los hijos del individuo mutado heredarán su misma mutación, que en el caso de las positivas será una mejora en la capacidad para la supervivencia. A mayor capacidad de supervivencia, mayores posibilidades de procreación. Esto provoca una cadena ascendente, que permitirá la supremacía de los mutantes sobre el resto de su especie.
Por supuesto, un proceso evolutivo solo será visible a través de largos períodos de tiempo, dado que para poder culminarlo son necesarios varios cientos de miles de generaciones.
Centrándonos en lo que nos interesa, o sea, la evolución del hombre. Antes de comenzar aclaremos, que todo proceso evolutivo, está lleno éxitos y fracasos, callejones sin salida y caminos truncados, lo que hace imposible determinar una línea de evolución que nos permita ver claramente como ocurrió todo, no obstante se sabe de forma bastante aproximada como se realizó el camino que, a partir de ahora, voy a intentar resumir lo más brevemente posible.
Se suele decir que el hombre desciende del mono. Pues bien, esto no es del todo cierto. Lo cierto es que el hombre y el mono, poseen un antepasado común, que si bien tenía el aspecto de un simio, todavía no lo era.
A finales del Mioceno, hace unos doce millones de años, consolidó su proceso evolutivo un individuo llamado Oreopithecus. Este ser tenía el aspecto de un gran simio, concretamente un Antropoide, aunque poseía características que lo diferenciaban de sus descendientes los Póngidos. Fueron estos los que se convirtieron en el punto de separación entre simios y homínidos. Los primeros se instalaron en zonas arboladas y desarrollaron capacidades trepadoras, mientras que los Homínidos se instalaron en la Sabana, donde escaseaban los árboles desarrollando las capacidades que voy a relatar.
Imaginemos un ser de escasamente un metro y poco de altura que además camina encorvado y que se mueve entre una hierba, que en la mayoría de los casos es más alta que el, si a esto le añadimos la circunstancia de que este ser era lento, torpe y carente de defensas naturales, nos encontramos con un ser abocado a la extinción.
Comida de todos los depredadores que deambulasen por sus cercanías, el homínido desarrolló el arma más mortífera que se ha visto jamás en toda la creación, la inteligencia.
Mientras este proceso evolutivo se iba desarrollando, se fueron consolidando otras mutaciones que ofrecían ventajas a la especie, tales como la deformación de la pelvis, que permitía a los homínidos erguirse totalmente posibilitando un mayor campo de visión por encima de la hierba, la deformación del pié que permitía una mayor velocidad en la carrera o la deformación del cráneo que permitía una mayor capacidad y posibilitaba el crecimiento del cerebro. Poco a poco, el homínido fue progresando en su evolución.
El uso de herramientas derivó en el uso de armas que permitieron una mejor defensa frente sus enemigos.
Sobre el porqué del crecimiento del cerebro, existen muchas teorías, pero la más extendida es la que dice: Que el crecimiento del cerebro es debido a una alimentación básicamente proteínica basada en un excesivo consumo de carne y un deficiente consumo de vegetales.
Los que defienden esta teoría, se basan en que en la Sabana escasean los frutos y tubérculos mientras que abundan los herbívoros, de ahí que posteriormente el hombre se haya hecho cazador.
Otra teoría que posee bastantes adeptos, es la que defiende que la deformación del pié posibilitó mejorar la capacidad natatoria dado que el homínido utilizó el agua como forma de defensa, de ahí que buscase siempre la cercanía de ríos o charcas libres de depredadores acuáticos. Esto explicaría la capacidad que el hombre actual posee para almacenar grasas en la piel. Esta característica es propia de Cetáceos y Pinnípedos, ambos mamíferos acuáticos.
Sea cual fuere la teoría verdadera, el proceso evolutivo que desembocó en el hombre actual, está más o menos definido. A partir del Oreopithecus y siguiendo la línea evolutiva que ya hemos citado, el espécimen siguiente se consolida a mediados del Plioceno, hace unos tres millones de años, este individuo denominado Australopithecus y que no sobrepasaba el metro veinte de estatura, tenía un aspecto diferente al de sus parientes más cercanos los simios. Este individuo andaba erguido y utilizaba las manos independientemente de los pies, pudiendo manipular objetos mientras corría, esto le permitió el uso de armas, tanto defensivas como ofensivas, sin dejar de moverse. Además poseía un cráneo más grande por lo que se piensa era mucho más inteligente. Considerado antepasado del hombre, no se le considera todavía ni siquiera homínido, pues carecía de idioma, capacidad de fabricar objetos, etcétera. Era, por tanto, un prehomínido.
Siguiendo la línea evolutiva nos encontramos con el Homo Habilis, principios del Pleistoceno hace un millón doscientos mil años, primero en ser considerado homínido, que no todavía hombre. Este individuo que ya poseía un idioma que le permitía comunicarse con sus congéneres se caracterizó por su gran capacidad para manipular utensilios, sin embargo carecía de otras cualidades propias del hombre.
A mediados del Pleistoceno, hace ochocientos mil años aproximadamente, culmina su proceso evolutivo el Homo Erectus, descendiente directo del ya mencionado Homo Habilis, que con su metro sesenta de estatura ya posee un aspecto muy similar al del hombre actual.
Fabricaba utensilios, organizaba tareas y ensañaba a sus descendientes. Cazador, recolector y nómada colonizó Europa y Asia.
A partir de este momento, los últimos descubrimientos de Atapuerca, han arrojado nueva luz sobre las diferentes teorías que existían. Por ejemplo, se ha descubierto que la conexión entre el Homo Erectus y, los Neandertalenses y Sapiens, fue un individuo que se ha dado en denominar Homo Antecesor que culminó su proceso evolutivo a mediados del Pleistoceno, hace trescientos mil años.
Este individuo poseía un esqueleto mucho más pesado que el de los hombres actuales, por lo que se piensa era más robusto y musculoso, su capacidad craneal era casi como la nuestra y su costumbres eran casi humanas.
A finales del Pleistoceno, hace escasamente doscientos cincuenta mil años surgió la especie humana que más controversias e incógnitas ha suscitado en el estudio del hombre, me refiero al hombre de Neandertal. Un hombre en todos sus aspectos, poseedor de cultura, de creencias religiosas, de idioma, fabricante de utensilios, artesano y artista, etcétera, pero que inexplicablemente no poseía las características físicas de sus coetáneos los Sapiens. Mucho más robusto y de aspecto más primitivo Neandertal parecía un retroceso, o quizás haya sido simplemente uno de esos callejones sin salida.
Hasta ahora, no se sabia de donde habían salido y ni siquiera hoy se sabe por que se extinguieron, el primer fósil data de hace doscientos cincuenta mil años, como ya he dicho, y el último es de hace, tan solo, treinta mil años, hay quien dice que no se extinguieron sino que se mezclaron con sus primos los Sapiens, otros defienden que fueron extinguidos por estos mismos parientes, como quiera que sea, el misterio de su extinción sigue sin ser desvelado y el hombre actual se consolidó hace aproximadamente doscientos mil años. Desde entonces, y siempre desde el punto de vista biológico evolutivo, no hemos cambiado prácticamente nada.
J.G. M. de Lara

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home